El paradigma neoliberal aplicado a la educación en el CCH.


Por Fabián González Hernández.

El otro día leía el encabezado de un periódico donde decía que prevalecía la ley de la selva en las cárceles de la ciudad de México. Y yo me quedé pensando que eso no era nada raro, ya que eso también sucede, hasta cierto punto, en una institución como la que yo trabajo, el Colegio de Ciencias y Humanidades ,  perteneciente a la Universidad Nacional Autónoma de México. Porque una Universidad, como una cárcel, son reflejos del  paradigma que rige determinada sociedad, en este caso la mexicana, donde la cultura del capitalismo, aunada a la de la corrupción ahora sumada a la del narcotráfico, se han convertido en una idiosincrácia nacional promovida desde televisa donde prevalece la ley del más fuerte y donde el poder y el dinero se acumulan en pocas manos, sin más argumentos que la policía, el ejército o los sicarios para que esto prevalezca.
Pero tal vez me estoy yendo muy lejos juzgando a la institución a la que pertenezco donde todavía no llega a tanto el grado de pudrición que impera en otras instituciones del estado, como la PGR y Conaculta, ya que el CCH es símbolo de aquellas instituciones formadas  para ayudar a todos los mexicanos a tener una mayor calidad de vida, como las normales rurales, como el POLI, al significar una oportunidad de superación económica y espiritual, a través del estudio de las ciencias y las humanidades para cualquier mexicano con aptitudes, que tenía  oportunidad de acceder a una carrera universitaria dentro de la UNAM con el pase automático universal.
 Es bien sabida la transformación del CCH ocurrida a lo largo del tiempo, que fue acompañada por la transformación del estado de populista a neoliberal, siendo el CCH una de las últimas instituciones fundadas por el populismo, que fue una política de estado donde el Estado se vio obligado por el pueblo a ejercer ciertas políticas que promovieran la distribución de la riqueza como los ejidos y las universidades públicas, que fue lo que quedó cuando se suprimió el reparto de tierra y solo se dejó a la Secretaria de la Reforma Agraria por más de 70 años,  que después del 68 se desarrolla en México, durante el régimen de Echeverría  con parte del presupuesto del estado abocado a  ayudar a superar las contradicciones económicas y sociales, con el Colegio de Ciencias y Humanidades que con 4 turnos y planteles masivos, además de una educación científica y humanística pretendía ser parte de la plataforma para ayudar a corregir el mal reparto de la riqueza en México dando oportunidades a todos sin importar su condición social, de acceder a la universidad..
Pero con el tiempo esto cambió. Las políticas del estado mexicano dejaron de ser populistas, se convirtieron en neoliberales  y esto se vio cada vez más reflejado en los cambios que poco a poco fue sufriendo el CCH que empezó siendo un modelo educativo de vanguardia donde se intentaban aplicar las últimas teorías de la pedagogía, desde Piaget hasta Paulo Freire, y que a diferencia de las prepas ponía por encima la libertad y el método empírico y científico en el aprendizaje, siendo el maestro un coordinador  más que un dictador del mismo, habiendo diferencias fundamentales con el modelo de las preparatorias de la UNAM, fundadas por Justo Sierra durante el porfiriato que, de manera lógica, con el tiempo deberían de haberse parecido cada vez más a los CCH’s y no al revés, como ocurrió al pasar del tiempo .
Pero volvamos a los inicios e imaginémonos cuando surgió una convocatoria en los periódicos, allá por el año de 1971 que ofrecía 5,000 pesos por tomar un  curso de 3 meses para ser seleccionado parte de la planta de profesores del CCH, cuando al término de los tres meses no todos quedaron seleccionados pero a todos se les pagó los 5,000 pesos, única vez que sucedió esto, ya que posteriormente se tomaba el curso sin cobrar, siendo admitido, si aprobabas el curso, dentro de la planta docente.
Al principio todos los profesores ganaban lo mismo por hora trabajada y resolvían los problemas de índole académico y hasta laboral a través de las academias, órganos democráticos donde se votaba por el jefe de área y se resolvían los pormenores a través de asambleas que servían como figura de autoridad por encima de las autoridades mismas. En fin. Las contrataciones de nuevos profesores, la aplicación de exámenes extraordinarios, la creación de guías de estudio, de nuevos programas, etc, todo pasaba por las academias. Los cursos de actualización para la docencia, al principio fueron organizados por los mismos profesores quienes sacrificaban  parte de sus vacaciones o de sus fines de semana  para actualizarse y dar mejor sus clases y no iban obligados, así como organizaban eventos de índole académico por las meras ganas de hacerlo y por su pertinencia con su desarrollo personal y académico. 
 Con el tiempo todo cambió, habiendo una situación que marcó un antes y un después entre los profesores de CCH que fue la implementación de la figura de profesor de carrera, o de tiempo completo al interior de la planta docente a nivel CCH’s y preparatorias, que existía anteriormente dentro de la UNAM pero solo a nivel licenciatura y que su implementación en el bachillerato fue fruto de una organización de los profesores de CCH y prepas que protagonizaron una huelga de hambre que no duró más de un día ya que se resolvieron  las demandas, que, irónicamente, implicaron que con el tiempo esta organización y fraternidad entre los profesores se viera mermada por la implementación de una figura de élite entre el profesorado, que al principio no fue tan evidente pero que con la implementación del PRIDE en los 90 hizo una brecha ente los profesores de carrera y definitivos de 4 o 5 veces más el salario entre unos y otros, además de otras prerrogativas como el año sabático y la reducción del horario frente a grupo.
Además de esto,  cambió la manera en que se contrataban nuevos profesores, que ingresaban en calidad de interinos, ya no de definitivos, a los cuales se les regularizaría su situación por legislación universitaria a los tres años trabajados a través de un examen de definitividad y a los cuales se les contrata a través de un examen filtro de conocimientos  y por un tiempo se antecedía  un examen  psicométrico copiado del sistema estadounidense de psicología aplicada (por lo menos el que yo hice decía estar hecho en la universidad de Minesota).
 Con el tiempo la organización de los profesores se fue mermando en buena medida gracias a la división que se hizo entre ellos debido  a las plazas de carrera, a que la contratación de nuevos profesores quedó en manos de las autoridades, ya no de las academias y a que se implementó un sistema de listas jerarquizadas para la asignación de los grupos, quedando hasta arriba en derechos, por supuesto, los profesores de carrera, luego los definitivos, que con el tiempo se fueron haciendo menos quedando en manos de las autoridades la apertura de concursos, que se abren a cuentagotas, y hasta el final los interinos, con contratos que se renuevan cada seis meses  en una lucha encarnizada por las migajas que dejan los definitivos y de carrera, teniendo que entregar los más papeles que se puedan para no quedar por debajo de los compañeros en la lista jerarquizada y poder seguir manteniendo tus grupos.  
Es decir, se ha implementado un sistema de competencia entre los profesores, que simula al sistema capitalista neoliberal y pone en práctica sus políticas y sus lógicas, así como recrea sus valores de vida, teniendo a los privilegiados, que se supone, se lo han ganado (profesores de carrera), a los mediocres con derechos (profesores definitivos) y a los prescindibles (profesores interinos) que recrean este mismo sistema con los alumnos echándolos a competir por una buena calificación que les permita quedarse en una carrera que les deje dinero (medicina y derecho) llegando a hacer de la corrupción un hábito común entre maestros y alumnos a través de la asistencia a obras de teatro por puntos, de la venta de los libros y de facilidades para pasar la materia que ayuden a obtener un buen promedio que ayude a acceder a una buena carrera. Lo que interesan son los puntos, no los aprendizajes, máxima que se aplica también en la realización de algunos programas operativos, que se hacen también en muchos casos más en función de los puntos que se obtendrán en las listas jerarquizadas a través del trabajo de los alumnos que en función de los conocimientos que se espera que estos obtengan.

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